Cannabis y erotismo, una deliciosa combinación

Dicen que fumar marihuana causa impotencia sexual masculina. También dicen que los árabes consumían la mágica planta para solventar las necesidades maritales del harem. Las cosas se dicen o se callan. Eso es un hecho, lo que no es una certeza es lo primero. ¿Por qué? Porque todo o casi todo en la vida es relativo.

Lo cierto es que a mí me funciona y con gran éxito. Cuando fumé mi primer porrito tenía 16 abriles, un mozuelo aventajado por la naturaleza y ansioso de poder penetrar dulces y virginales chochitos.

Calentón como soy, a los 21 años ya tuve mi primer y hasta ahora único hijo. La madre de mi vástago también compartía conmigo su afición a la buena hierba y al sexo libre y sin tapujos seudomoralistas. Dos o tres aspiradas de la insuperable cannabis nos ponían a volar por los cielos de la lujuria y la pasión. Orgasmos múltiples y torrentosas eyaculaciones cortaban el aire denso de aquel humo cálido. Exóticos y penetrantes aromas inundaban aquel cuarto en casa de mamá. Una vez se nos rompió la cama en pleno acto y no se imaginan el despelote que armó mi jefa, yo adentro con el culo al aire no paraba de reír. Otra vez, a la susodicha hembra humana le dio la ‘muerte blanca’ y tras el orgasmo se quedó ‘ida’. Solo atinaba a entreabrir los ojos y a respirar entrecortado. Fue un culebrón, yo me asusté y salí en bolas a por agua. En eso, una tía que visitaba a mi madre se percató y entró al cuarto. Bueno… olía a hierba, a semen a sexo puro y duro. Por la entrepierna de mi amada corría un líquido blanquecino y viscoso. Parecía una poseída, un animal en celo descontrolado por una sobredosis de feromonas, hormonas y tetrahidrocannabinol (la planta contiene cerca de 60 cannabinoides, entre estos: cannabinol, cannabigerol, cannabicromeno, cannabiciclol, que se presenta en muchas variedades, siendo la más activa la delta-9-THC).

Felizmente solo fue un susto y seguramente un orgasmo que ella jamás olvidará en su vida y una imagen bizarra que mi tía llevará en su conciencia hasta la muerte.

Con esto no quiero decir que el sexo sin fumar maríajuana es aburrido o indeseable, ni mucho menos, solo comparto mi experiencia alucinante y desprovista de toda moral religiosa en mis encuentros sexuales.

Todo depende de la pareja, de la libertad que uno sienta con ella, del estado físico y psicológico, etc. Un consejo. Si fumas marihuana y tienes sexo a menudo lo mejor es hacer deporte tres o cuatro veces por semana, en sendas jornadas no menores a 30 minutos ni mayores a una hora. El estado físico es esencial para sacarle el mejor provecho a la acción desinhibidora de la marihuana. Si se fuma habitualmente hierba, se tiene sexo a diario y no se hace deporte… nada más espera llegar a los 50 y verás que ‘miguelín’ no se va a parar ni con el himno patrio.

Pero, ¿cómo se puede sacar mayor provecho al efecto delta-9-THC en los momentos de sana distracción erótica? Pues conociendo a la marihuana y a sus efectos y, principalmente, conociéndose a uno mismo a profundidad para saber hasta dónde llegar y cuando parar.

Quienes fumamos habitualmente marihuana sabemos que la línea que separa al consumo por placer del consumo por necesidad física (léase adicción) es muy delgada y fácil de traspasar, si uno no está plenamente conciente de ello se lo lleva la chingada, como dirían mis colegas de la comunidad Ateísmo desde México.

Por eso, es necesario asimilar la cantidad correcta, para disfrutar mejor de la relación sexual. Mi dosis es un par de ‘jalones’, sostenidos y profundos, sin tragar el humo y procurando no someter a los pulmones a una presión innecesaria. Iniciado el ritual, la nueva sensibilidad adquirida, aplicada a los cinco sentidos, sumada al estado de euforia permiten una erección completa, acelerada y altamente erótica.

Fantasear con la imaginación, lamer la piel de la amada-amante, oler su cavidad vaginal y topar sus delicados pechos son componentes físicos que se amalgaman con perfección a los estados psíquicos del efecto de la cannabis. El trance de tiempo de esos dos ‘jalones’ es de unos 30 minutos, el tiempo ideal para mantener un coito decente, como es debido: juegos y caricias iniciales, seducción erótica total de cuerpo y mente y, finalmente, el coito propiamente dicho, con la infinidad de posiciones y connotaciones corporales mutuas que la imaginación exacerbada del momento así lo ameriten.

El estado de relajación posterior, natural en la mente humana luego de un grandioso orgasmo en común, se repotencia y se mejora con los efectos proporcionados por los citados elementos químicos y su influencia en el cerebro de los fornicadores.

Un epígrafe sexual-erótico de siete a diez minutos con sensaciones de paz y felicidad extremas, un estado físico-mental que uno quisiera que dure toda la vida. La vuelta ‘a la realidad’ dependerá exclusivamente de la experiencia del consumidor-fornicador. Yo me decanto por una cerveza fría o un wiskacho en las rocas. El componente alcohólico reestimulará las sensaciones y la cotidianidad se hará más hermosa que antes.

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